jueves, enero 12, 2006

Tracy

En los albores de la experiencia, cuando el corazón era una esponja recién dejada de estrujar, y todo lo que es importante conocer para enfrentar la vida estaba recién por ser aprendido; cuando aún no había optado por escuchar la música que ahora escucho, ni había tomado aún las que serían las decisiones mas importantes que he tomado...

En los albores de mis lecturas, cuando pensaba que todo lo digno de leerse y de escribirse, ya había sido hecho por Bécquer, Vallejo, Neruda, Martín Adán, Rafel Alberti, Alberto Ureta, Scorza, Emilio Adolfo Westphalen, Xavier Abril, Manuel Oquendo de Amat, y un puñado de poetas más...

estaba ya allí el sonido suave y grave de Tracy Chapman, insinuándome temas recurrentes para mi futura percepción del romanticismo.

miércoles, enero 04, 2006

Cuando las imágenes dicen más que las palabras

Romina sujeta mi corazón de peluche y el asfalto se viste de primavera
Romina sujeta mi corazón de peluche y el sol derrite todas las nubes
Romina me agarra de la mano, y me dejo llevar a donde ella quiera llevarme.

viernes, noviembre 25, 2005

Palabras para dormir

Se resiste a dormir y me llama para echarme a su lado. Sonríe, mientras se chupa un dedo, y con una de sus manitas me indica que ponga mi cabeza al lado de la suya.
Me dice "te quiero mucho"; y mi corazón gastado, turbio, y percudido por el smog que trae el paso de las horas, de los días y los años, recibe un nuevo impulso eléctrico.
Me pongo a pensar en tantas cosas a la vez, como suelo hacer cuando no encuentro palabras para decir lo que de verdad quiero decir.
Miro el techo del cuarto, mientras ella pone su brazo sobre mi cuello.
Le digo "yo también te quiero mucho, mi amor", pero ya no me escucha porque está dormida.

jueves, noviembre 17, 2005

Una narración frustrada

Leyendo a Neruda ("Confieso que he vivido") me he sorprendido con una sonrisa cómplice. No es un corredor de largo aliento, y se nota en las páginas de su autobiografía. Cada evento, cada rememoración es una imagen sin continuación fluida con la otra.

No estoy diciendo que el libro no sea interesante, todo lo contrario. Lo que estoy diciendo es que la narración no es un largometraje, sino una muestra fotográfica.

Leyendo a Neruda he recordado que al leer "Tungsteno", un cuento de Vallejo (de César, no de Fernando), sentí la misma impresión de sucesión de imágenes no concatenadas.

Me he sorprendido con una sonrisa de complicidad, porque al igual que ellos, con las distancias y miramientos del caso, soy también un narrador de corto aliento. Me resulta imposible crear paisajes en movimiento. Me resulta imposible crear un ser humano distinto y soplarle vida.

Claro que pueden decirme, quienes lean esto, con toda justicia y fundamento, lo fácil que resulta compararse con lo menos que tienen los que tienen más, pero en este noviembre poblado de cristales opacos para mí, necesito unas cuantas mentiras para saciar mi sed de voz propia.

Podrían decirme inclusive que ni siquiera llego a narrador de corto aliento, porque... no, mejor lo dejo ahí.

jueves, noviembre 03, 2005

Seleccionado

En los últimos meses me han llovido llamadas telefónicas que me felicitan por haber sido seleccionado por la entidad bancaria tal, o la entidad finaciera cuál, como cliente preferente; y por ello celebran poder remitir a mi domicilio, a mi solo asentimiento, una tarjeta de crédito Visa o Mastercard, con una línea de crédito x, una tasa de interés xx, y bastantes etcéteras más. Les digo amablemente no, gracias.
Llegan a mi Depa, igualmente, folletos o cartas con mi nombre, felicitándome por lo mismo y ofreciéndome las mismas tarjetas. No les digo no, por que no puedo, pero las tiro a la basura (si no me ven no pueden darse cuenta que ése no es un gesto amable).
En las escasas tarjetas que tengo, me han aumentado la línea de crédito hasta casi cinco veces mi sueldo, sin que yo lo haya solicitado, pero sobre todo sin que me haga maldita gracia ello (no suelo utilizarlas).
Todo eso puede significar que quienes no conocen a esta pequeña-criatura-que-tiene-la-actitud-de-alguien-parado-en-medio-de-una-pista-con-carros-cruzando-en-dos-direcciones-en-simultáneo, confían en mi estabilidad económica, pero sobre todo confían en mi responsabilidad; o puede significar que tienen funcionarios a los que les gusta arriesgar (eufemismo de irresponsables de porquería, por decir lo menos). Que mas da lo que signifique.
Tamaña confianza ajena no tiene correlato interior... Hoy mismo estoy pensando en que ya no debería venir tan a menudo en mi carro (llenar el tanque de gasolina de 95 es casi casi un asalto a mano armada), sino volver a los viejos tiempos de perseguidor de combis.

jueves, octubre 06, 2005

Para que no sepan que soy tímido

Hay tantos y tantos significados en mi silencio,
hay tantas y tantas palabras que no tienen sonido.

Quisiera encontrar mi voz
quisiera que lo que digo se corresponda con lo que quiero decir.

Escribo y no me leo,
escribo de mí y no soy yo.

Me busco, rasgo con palabras mi piel,
les pongo imágenes ajenas a mis recuerdos
y no soy yo.

Quiero pegar este silencio sin voz en cada letra que escribo
quiero hablarte de tantas cosas
quiero hacer de cada monosílabo que pronuncio una conversación
pero no puedo.

No soy cuando te hablo
y no me puedes ver cuando callo.

viernes, setiembre 23, 2005

15 Minutos

En un día normal podía hacer el camino casa/colegio, colegio/casa, en unos diez minutos mas o menos. Si se daba prisa fácilmente hacía el recorrido en siete minutos. Debidamente cronometrados, como no podía ser menos en alguien con tanta fama de chancón (estudioso, si lo prefieren).

Pero este día era distinto: no sólo fue la ceremonia de clausura del año escolar, sino que, además, el año escolar que se clausuró fue el último del colegio para él. Este era el día en que el colegio quedaba atrás para siempre.

La ceremonia había durado un par de horas, y palabras van, palabras vienen, felicitaciones de más felicitaciones de menos, le habían entregado cinco diplomas: Primer puesto en el año que culminó, Premio de excelencia por los cinco primeros puestos obtenidos en los cinco años de secundaria, Primer puesto en el concurso de Ortografía inter colegios de La Libertad, y dos más que no me mencionó de qué eran.

Era pues su día importante, y quería saborear cada minuto de retorno a casa. Caminaba lentamente tratando de que quienes pasaran por su lado se dieran cuenta de los Diplomas que llevaba. Mas cortés que nunca (interesado, diría yo) saludaba a cuantos se le cruzaban en el camino.

Se moría de ganas por ver la expresión de Papá y Mamá al mostrarles los Diplomas, sin embargo se cuidaba de acelerar el paso. Después de todo era un día soleado; un día que compartía y reflejaba su alegría.

En ese momento no pensaba en los amigos que dejaba atrás (a decir verdad nunca lo hizo, y no porque fuera una persona insensible). Pensaba, mas bien, en cómo entraría a casa, y si debía mostrarse feliz, o hacer como que la cosa no era muy importante.

Llegó finalmente a casa (15 minutos debidamente cronometrados, como no podía ser de otro modo en alguien tan estudioso). Papá y Mamá habían salido, pero no perdió por ello la sonrisa de los labios. Inteligente como era, encontró otra solución: extendió sobre la mesa de la sala los cinco diplomas, y se encerró en su cuarto a leer (ya estaba por acabar "El Corsario Negro", de Emilio Salgari). Papá y Mamá, al entrar (la puerta de ingreso daba a la sala) necesariamente se iban a dar de lleno con los Diplomas, y entonces, seguramente irían a buscarlo a su cuarto para felicitarlo, o cuando menos lo llamaría a la sala para lo mismo.

Se concentró mucho en la novela, con esa concentración que ahora ha perdido, pero que entonces le permitían leerse libros de 600 páginas en unos cuantos días. Pasaron un par de horas (ya sería como la una de la tarde), y hacía una hora que Papá y Mamá habían llegado a casa, pero no habían ido a verle y no llamaron. "Qué raro pensó" y siguió leyendo.

La lectura debió estar poniéndose triste (hay libros de aventuras que tienen final triste) porque los ojos le brillaban, y de vez en cuando se pasaba la manga del polón por ellos.

Pero no estaba pensando en los amigos que perdió ya para siempre, sino en lo que se le estaba perdiendo a él para siempre... no importa, en fin, como que la cosa no era muy importante.

Al rato (ya no le importó cuanto tiempo más pasó, lo que sí era de extrañar), oyó la voz de Mamá llamándolo a él y a sus hermanos para almorzar. Como aún siguió en su cuarto, Mamá lo volvió a llamar, y él cerrando el libro (terminado por fin, como tantas cosas que ese día habían terminado) contestó, haciendo un poco de esfuerzo porque algo seco y doloroso en la garganta le impedía contestar normal, "Voy, Mamá".

Se volvió a pasar la manga del polón por los ojos, también por última vez, y salió de su cuarto.