domingo, julio 06, 2008

Supermán, el eterno regreso.


Supermán está completamente detenido de cara a la Tierra, el viento mueve muy ligeramente su capa, siempre en la misma dirección. A sus espaldas miles de estrellas pueblan el firmamento. Es de noche.
Cada cierto tiempo hace lo mismo, vuela hasta esta altura y se queda horas enteras pensando. Luisa Lane está casada, tiene un hijo. Ya no tendría porqué estar aquí. Para los humanos él es un héroe, para él la Tierra era un lugar en que podía haber vivido con ella.
Voltea el rostro, mira los infinitos lugares a los que podría ir. Hay tristeza en sus ojos. Aprieta los puños y una vez más, como las muchas veces anteriores, Supermán regresa a la Tierra, a esta casa que no es la suya.

viernes, junio 27, 2008

El guardián del viento

El guardián del viento camina desconcertado, ha vencido muchas batallas y la sangre de sus enemigos puebla enteramente sus noches de sueño.
Por fin está cerca la paz, piensa, mientras el horizonte se le presenta, por fin, limpio y claro.
Hace muchos siglos, cuando juró hacer y dar todo por su amada, el guardián del viento era fuerte, seguro, inmortal. En cada batalla, en cada muerte, en cada grito de terror, algo se le fue muriendo.
El guardián del viento camina desconcertado, ya no tiene que pelear, no tiene que ganar el amor ya ganado. Mira ante sí el largo camino llano, casi plateado a la luz de la luna, y se pregunta, por esta vez, solo por esta vez, si de verdad quiere seguir.
No recuerda ya el rostro amado, no sabe qué le diría al llegar. Mira entre las estrellas nuevamente sus ojos, su boca, tanto y tanto imaginados, tanto y tanto deseados, que hasta le duelen entre las costillas como un golpe de lanza.
La noche se ha rendido ante su victoria, pero él ya no quiere continuar.
El guardián del viento agacha la cabeza, cierra los ojos, suelta sus armas y deja que el tiempo lo consuma.
En otro lugar, en otro tiempo, su amada recuerda a un guerrero que no puede identificar.

sábado, junio 14, 2008

La bella y el triste

El triste apura un trago de su copa buscando valor
Mira a la mesa e intenta sonreír
La bella habla de miles de cosas
Mientras ríe con una risa limpia como noche estrellada.

El triste piensa que ella jamás se fijaría en él
Mientras busca palabras para intentarlo de todos modos.
La bella le roza con los dedos el cabello, como distraída,
le pregunta qué pasa sin dejar de reír.

El triste dice no pasa nada
Queriendo decir pasa todo.
Dice son tonterías mías
Queriendo decir no puedo más.

La bella tiene un brillo extraño en sus ojos
Lo mira sin ver como si fuera transparente
Sus labios delgados se cierran un instante
Pero no dice nada

El triste se sabe pequeño
Y no vuelve a hablar
La bella ríe de nuevo
Y mira hacia otro lugar.

domingo, junio 08, 2008

De todo para buenos jóvenes

Delgado, alto, trigueño, pelo negro y largo, no más de 18 años. Blue jean gastado, con la imagen de Silvestre de cuerpo entero bordada en una pierna. Polo negro manga larga, con el rostro del pato Lucas bordado en todo el pecho (mostro el polito. Pienso).
Sube a la coaster, a la altura de la Universidad de Lima. Mochila guinda, gastada y sucia, a la espalda. Se detiene en el pasadizo, junto a la puerta, mirándonos a todos quienes estamos sentados. De inmediato pienso “es un vendedor” y acierto.
Dice, “en esta oportunidad vamos a hablar de cultura”, pausa, “vamos a conversar de Pablo Neruda, Rubén Darío, Mario Vargas Llosa, Gabriel García Márquez, James Joyce, Gabriela Mistral”, pausa, se toca la nariz con la mano derecha, “de Einstein, Graham Bell, Newton, Aristóteles, Platón, que fue discípulo de Aristóteles”, pausa, toma aire, se vuelve a tocar la nariz con la mano derecha, “de Churchill, De Gaulle, Ronald Reagan”, pausa más larga.Me vuelvo a poner los audífonos que me había quitado para oír lo que estaba diciendo, mientras lo veo hablar, pausar, tocarse la nariz, tomar aliento, volver a hablar. Como cuando se responden las preguntas en un examen oral.
Me quito el audífono derecho, “los nervios están conformados…”, dice.Vuelvo a ponérmelo, aunque algo empieza a incomodarme, como una idea o un recuerdo que no llega a ser del todo ni lo uno ni lo otro. Sigue hablando. Vuelvo a sacarme el audífono derecho, “las matemáticas son una ciencia exacta, conformada por…”. Vuelvo a ponérmelo. Esto se parece cada vez más a un vergonzoso examen oral.
Me fijo en sus ojos, en sus párpados que se mueven nerviosamente. Debe ser alguien que está preparándose para postular a la Universidad. Voy cayendo en que me hace recordar a mí mismo, cuando flaco y desaliñado solía memorizar los mismos datos sueltos que ahora él esta recitando. Sigue hablando y no lo escucho ni lo miro ya, me escucho y miro a mí mismo. Un malestar en el estómago empieza a invadirme.
Pienso en el libro que me regaló un profesor de la pre, escrito por él, “De todo para buenos jóvenes”, con datos y datos, reseñas de libros, minibiografías, consejos. Viene nítidamente a mi mente el argumento de innumerables libros que leí, y de otros que nunca leeré. ¿Qué fue lo que me salvó de estar así como él está ahora?.
Recuerdo todos los planes que fui haciendo para mi futuro. Recuerdo un poco de aquél que fui alguna vez.
Me saca de mis pensamientos su pedido de que le compre caramelos. Le doy Un Sol. Me dice gracias.
Lo veo bajar de la coaster a enfrentarse con la noche, mientras en mi Zen Xtra empieza a sonar una de Blur, “la calle es una jungla, hay que llamar a la policía…”

miércoles, mayo 07, 2008

Palabras mas, palabras menos

- ¿tienes una hija?
- dos
sorprendida, mira a los costados, parpadea, se apoya en un pie, luego en otro. Piensa lo que va a decir a continuación.
- Con razón las canas. ¿qué edad tienes?
- 34
- no parece... Que interesante. Carro nuevo, dos hijas, abogado, un buen trabajo. Tiene usted (lo dice así, no "tienes") la vida resuelta.
Sonrío. Estoy sentado en un banco de cemento. Es sábado en la mañana y no estoy de terno como lo suelo estar de lunes a viernes.
Intento disfrutar (sí, disfrutar) de un break entre clases de la maestría. Ella está parada frente a mí, pese a que hay espacio en el banco. Me ha buscado conversación, pero pareciera que se le han acabado los temas.
Yo no soy muy hablador.
Pienso, sin embargo, que no es cierto eso de tener la vida resuelta. Aún conservo mis miedos al futuro, ahora aumentados por el temor al futuro de mis hijas. Aún me preocupo por si ha de alcanzarme el sueldo hasta fin de mes, por si he de meter la pata en el trabajo.
Si tuviera la vida resuelta no estaría preocupandome por estudiar, por leer, ni tan siquiera por escribir en este blog.
Me sonríe y hace un gesto de adiós con la mano. "chau" le digo al mismo tiempo que me percato que no sé como se llama, ni cual fue la razón por la que se acercó a hablarme (aunque casi podría jurar que alguna vez estudié con ella).

lunes, febrero 25, 2008

Sweet Child O'Mine

En el mismo momento en que Ross abre grandes sus ojos verdes, asustada por la tracción en su abdomen, le acaricio los cabellos para que se calme, mientras la doctora dice “ya está saliendo, miren como se agarra del cordón” (risas de las enfermeras asistentes: “que gracioso”). Levanto la vista en esa dirección y alisto la cámara digital para las fotos.
En ese mismo instante, cuando ya la estoy viendo salir, como la luz que sale de una linterna, escucho los acordes de Slash empezando la canción que antes me importaba un carajo pero que ahora me dice mucho. Me agacho para decirle a Ross a los oídos, escucha, es para la bebe. Ella sonríe.
Vuelven el temblor y los nervios, tomo confusamente un par de fotos, pienso que ya no estoy solo.
Me invaden en simultáneo la alegría, la tristeza, la nostalgia, las ganas de llorar. Ya había sentido antes esto, cuando nació Romina, tu hermana.
Miro cuando te levantan de los pies, cuando te limpian. Miro tu carita y escucho tu llanto. Me percato que abres tus ojitos y los cierras rápidamente, como si no quisieras ver lo que hay afuera. Julietta, dulce pequeña mía.
Miro tus ojitos que no conocen aún la tristeza, y me siento de nuevo pequeño al no poder construir un mundo exclusivamente a tu medida.
Te cortan el cordón umbilical, y me dicen que me acerque a ti. Te veo llorando, y creo que lloro un poco también. Pero no es momento para tristezas. Me percato nuevamente de la música, y camino a ti exagerando los pasos, como Jack Sparrow (me miran extrañados en la sala de operaciones: “qué gracioso”), mientras canto en voz alta, junto a Axel, “Where do we go, where do we go now, where do we go, sweet child”.
Y ahora adónde iremos, mi dulce pequeña. Dónde nos encaminará la vida.

lunes, febrero 18, 2008

At the end of the road

Al final, cuando Dios, cansado hasta los tuétanos, no podía siquiera abrir los ojos, la noche, el día, el sol, la luna, las plantas, los animales, las cosas, las personas y todo aquello que llamamos vida, empezó a juntarse en una masa trasparente de energía.
El verbo, entonces, empezó a perder letras.