lunes, febrero 25, 2008

Sweet Child O'Mine

En el mismo momento en que Ross abre grandes sus ojos verdes, asustada por la tracción en su abdomen, le acaricio los cabellos para que se calme, mientras la doctora dice “ya está saliendo, miren como se agarra del cordón” (risas de las enfermeras asistentes: “que gracioso”). Levanto la vista en esa dirección y alisto la cámara digital para las fotos.
En ese mismo instante, cuando ya la estoy viendo salir, como la luz que sale de una linterna, escucho los acordes de Slash empezando la canción que antes me importaba un carajo pero que ahora me dice mucho. Me agacho para decirle a Ross a los oídos, escucha, es para la bebe. Ella sonríe.
Vuelven el temblor y los nervios, tomo confusamente un par de fotos, pienso que ya no estoy solo.
Me invaden en simultáneo la alegría, la tristeza, la nostalgia, las ganas de llorar. Ya había sentido antes esto, cuando nació Romina, tu hermana.
Miro cuando te levantan de los pies, cuando te limpian. Miro tu carita y escucho tu llanto. Me percato que abres tus ojitos y los cierras rápidamente, como si no quisieras ver lo que hay afuera. Julietta, dulce pequeña mía.
Miro tus ojitos que no conocen aún la tristeza, y me siento de nuevo pequeño al no poder construir un mundo exclusivamente a tu medida.
Te cortan el cordón umbilical, y me dicen que me acerque a ti. Te veo llorando, y creo que lloro un poco también. Pero no es momento para tristezas. Me percato nuevamente de la música, y camino a ti exagerando los pasos, como Jack Sparrow (me miran extrañados en la sala de operaciones: “qué gracioso”), mientras canto en voz alta, junto a Axel, “Where do we go, where do we go now, where do we go, sweet child”.
Y ahora adónde iremos, mi dulce pequeña. Dónde nos encaminará la vida.

lunes, febrero 18, 2008

At the end of the road

Al final, cuando Dios, cansado hasta los tuétanos, no podía siquiera abrir los ojos, la noche, el día, el sol, la luna, las plantas, los animales, las cosas, las personas y todo aquello que llamamos vida, empezó a juntarse en una masa trasparente de energía.
El verbo, entonces, empezó a perder letras.

viernes, diciembre 21, 2007

I Believe

Son aproximadamente las seis de la tarde, está oscurenciendo. Estamos en el parque de por la casa, Romina y yo. Acabamos de llegar y, como suele hacer cada vez que vamos allí, ella se acerca corriendo a la imagen de la Virgen de Fátima que hay en una urna en el medio del parque.
Se persigna, mira a varios lados, corre hacia un matorral y coge una flor, regresa hacia la Virgen y coloca la flor a sus pies. En ese mismo instante se enciende la luz de la urna y la Virgen queda iluminada.
Romina regresa corriendo hacia mí, con una sonrisa enorme y con los ojos brillando. "Papá - me dice- he iluminado a la Vírgen". Yo, que observaba todo desde el comienzo, no dudo en lo más mínimo que sea así.

jueves, noviembre 22, 2007

Gaviota en un cielo gris

Me pone triste advertir que lo que me podría hacer común, feliz y universalmente común, me hace distinto.
No mejor ni peor, ni especial, ni único.
Distinto como distintos habemos muchos el mundo.

martes, octubre 23, 2007

This charming man

No soy quien ves
ni quien esperabas ver,
no he salido de tus sueños juveniles
ni mi voz se parece a la del viento que soplaba en tus oidos en las noches que salías a buscar a quien no soy.

No tengo la mirada que pensaste te iba a llenar completamente,
ni mis manos tienen la fuerza para elevarte sobre lo común y áspero de esta vida mediana.

Tú, sin embargo,
te pareces mucho a lo que quería para mí.

lunes, octubre 01, 2007

La vida a cuadritos

La escena es esta: estoy sentado frente a mi escritorio, en el cuarto de lectura, mirando fijamente dos pastillas, una roja y otra azul, que hay sobre él. Se escucha de fondo una canción desangrante de Roberto Carlos ("Que será de ti"), que suelo poner cuando quiero que lo exterior parezca igual de depresivo que yo. No hay nadie más en la habitación.
Podría pensarse, al ver la escena, y pese a la música, en beneficio mío, que soy Neo, y tengo la oportunidad de escoger, sin que haya un Morpheus de por medio, entre permanecer en el engaño o descubrir the matrix; pero no, no es eso en lo que yo pienso.
Pienso en realidad, una vez mas, como mil veces antes, hasta cuándo he de tener que seguir tomando esta pinche Apronax y esta pinche Flectadol, para evitar que la realidad se me haga un infierno, para sobrevivir malamente a esta fuerza que me exprime los ojos y la cabeza hasta hacerme gritar, inútilmente, basta carajo, basta.

miércoles, setiembre 05, 2007

The boy with the thorn in his side

Mi sorpresa fue triple porque, primero, al entrar al MSN, yo que prácticamente nunca chateo, había un contacto activo, segundo, porque ese alguien es un amigo al que no he visto en muchos años, y tercero porque ese amigo, Santiago, que vive en Estados Unidos, me estaba diciendo que llegaría a Lima al día siguiente, que estaba apurado porque ya estaba en plena preparación de sus maletas, y que su teléfono era tal y que lo llamara para encontrarnos.
La velocidad de las sorpresas sucesivas solo me permitieron contestar "qué bueno", antes que el contacto se inactive.
Una serie de recuerdos, igual de sorpresivos, igual de veloces, me fueron llegando como música de fondo, mientras trabajaba en la PC. Nunca llegamos a ser lo que se podría decir amigos de reuniones continuas o conversaciones extensas; de hecho sólo recuerdo claramente haber estado con él en una reunión distinta a la del trabajo, su cumpleaños.
Alquilaba en ese entonces un mini departamento en Jesús María, que había compartido (para su cumpleaños ya no) con un restaurador de obras de arte que había sido su pareja. Nos invitó únicamente a Pollo, a Lorgio, a José Díaz y a mí; sus entonces compañeros de trabajo mas allegados. Llegué primero, y recién como a las dos horas llegaron los demás.
Entre tanto conversábamos de The Verve, de REM, del libro de dibujos de Jean Cocteau que me mostró y, sobre todo, de los Smiths, de Morrissey, de sus canciones, de sus letras que te hacían querer encontrar a la persona amada, a la persona indicada con quien podrías compartir feliz cualquier viaje, cualquier soledad e inclusive la muerte. Santiago, reía de vez en vez al decirme que le resultaba extraña la forma cómo yo me acercaba a la música tan teóricamente. Me dijo que seguramente me gustaría escuchar a Belle & Sebastian, y yo, que no sabía nada de ellos entonces, le dije que tal vez (ahora tengo casi todos sus discos).
Llegaron los demás y seguimos conversando. En determinado momento llamó a su teléfono para saludarlo quien, según nos comentó, es su mejor amiga. Conversaban y de pronto se puso a llorar, escuché a medias que decía sentirse solo.
Disimulamos los demás. Conversamos muy poco después.
Han pasado un par de semanas desde que recibí el mensaje de Santiago. No sé si sigue en Lima o ya se fue. No llamé a su teléfono porque ahora la velocidad de las cosas se ha trasladado a mi trabajo, a mi vida, y seguramente también a la suya. Pero no es solo eso. El Santiago que recuerdo es el de su mini departamento, y el de los grupos de música de los que hablamos; ahora no sé bien cómo nos veríamos ni que tema tocaríamos.
El encuentro con un amigo no puede ser un apretón de manos apurado.
No he llamado aún al teléfono que me ha dado, y estoy seguro que Santiago sabrá comprender.